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Operación triunfo, el fenómeno musical que convierte a la audiencia en corderitos

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El talent show se ha convertido en el Gran Hermano 2.0

Un 22 de octubre de allá por el año 2001 (que lejano suena), nace el programa musical más conocido de nuestros tiempos: Operación triunfo. En esta primera edición ya el talent show roza los casi 7 millones de espectadores, que es casi el 50% del total. Esta cifra dobla la que consiguió el presidente del Gobierno durante su comparecencia televisiva en Antena 3, asegura Rosario G. Gómez en un artículo de El País un año más tarde a su nacimiento. Una barbaridad que ya en esos años, sin saber cómo iba a ser su evolución, alcanzara semejantes cifras.

Este pasado año, también un 22 de octubre, regresa OT y vuelve a hacer historia. Cómo en la primera edición, la audiencia se vuelve loca por sus concursantes y les sigue hasta comiendo, literalmente. Esto es porque gracias a las nuevas tecnologías el programa ha decidido sacar una aplicación para que sus fans puedan verles las 24 horas del día. Menos mal que esto no ocurrió hace 13 años, porque si no la audiencia se hubiera convertido en corderitos que siguen al lobo hace tiempo. Y eso hubiera sido inadmisible.

El programa se creó para dar valor a la música y para que sus concursantes y telespectadores más fieles aprendiera sobre ella. Esto ha ocurrido ligeramente. A lo que realmente se ha dado más importancia es al entretenimiento y a lo estético. Esto puede haber sido por el negocio. Operación triunfo genera una gran cantidad de dinero, y si tiene enganchada a la audiencia no sólo por la música, sino también por su entretenimiento, genera más.

Este hecho no se puede criticar en este caso solamente porque pasa en la mayoría de los programas televisivos: que miran por su propio beneficio. El problema viene cuando te venden un producto de una manera, pero te lo dan de otra. Este es el caso de OT, que se ha convertido en un Gran Hermano 2.0 en dónde se sabe cuándo comen, cuando van al baño y  quién tiene una relación con quién.

La cuestión va más allá. La mayoría de los telespectadores, como ya conocen a cada concursante personalmente, vota a quien mejor le cae o más guapo le parece. Ya no por su voz. Y esto es un problema del programa, ya que deja que los espectadores voten incluso antes de que hayan actuado. Lo que digo, esto se está convirtiendo en un Gran Hermano 2.0 en el que la audiencia son los corderitos que siguen al lobo, hasta que les engancha y no pueden salir de ahí.

¿Mejores momentos de OT? ¿Para qué?

Hasta ahora el análisis va del programa durante su emisión, pero, ¿qué pasa cuando los concursantes salen de la academia? Lo mismo. O podría decir que incluso más. Gracias a las redes sociales se sabe a dónde va cada concursante a comer, que comen, donde compran, etc. Lo malo no es eso, sino los miles de comentarios que los fans dejan en sus perfiles de las redes llegando incluso hasta acosándoles.

Aunque no todo es tan extremista. Todavía quedan personas a las que les gusta la música, que siguen a los concursantes, ya fuera de la academia, simplemente porque les gusta lo que hacen como artistas, y no sólo como meros productos sacados de un programa de entretenimiento.

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