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Precariedad y conformismo en los trabajos creativos

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Con la presentación del nuevo libro de Remedios Zafra, El entusiasmo, como telón de fondo, analizamos el problema de la producción cultural

En su libro El entusiasmo, la profesora sevillana Remedios Zafra alerta de los malestares que aquejan al trabajo creativo y a quienes se dedican a él. “En algún momento de nuestra historia hablar de dinero cuando uno escribe, pinta, compone una canción o crea se hizo de mal gusto” admite en su ensayo, una obra muy necesaria para un sector en continua crisis y que se ha convertido un éxito de ventas inesperado para la propia autora.

Con El entusiasmo, Premio Anagrama de Ensayo en 2017, Zafra, escritora y profesora de Arte, Estudios Visuales, Estudios de Género y Cultura Digital en la Universidad de Sevilla, realiza una pequeña visita a las condiciones actuales de producción y gestión en la cultura, un sector económico que, sugiere recordar, pertenece a la cadena de producción igual que el agrícola o el de servicios; aunque se haya relegado a un segundo plano dado su falta de carácter estrictamente necesario.

Al comenzar a escribirlo, la autora confiesa haberse sentido abrumada por la amplitud del carácter que pretendía conferirle al libro: “quería realizar una denuncia hacia la precariedad que nos rodea, escribir un libro que verdaderamente ayudase a las personas que se encuentran en esta situación, no que únicamente sirviese para divulgar y llevarlos a más quebraderos de cabeza”. Dice pretender conseguir perturbar a los lectores, ya estén dentro del sistema abusivo de la cultura o solo se asomen a la obra por curiosidad. “Los escritores, pintores, actores… debemos enfrentarnos a una existencia asumida, donde nos tratan como máquinas que trabajan y se aprovechan de nosotros como becarios entusiastas, colaboradores a tiempo parcial o empleados diversos en la gestión de redes”. Es un libro crítico -asegura- no pesimista.

Esta precariedad en el mundo laboral creativo es diferente de otras: “un joven repartidor de comida a domicilio puede compartir precariedad con un escritor cuando ambos compiten por los mismos trabajos temporales y mal pagados, pero habitualmente el trabajador creativo viene de desinflar su currículum, quitarse años y ver frustrada su expectativa profesional mientras sigue haciendo másters. Creo que es aquí, en la expectativa que los trabajadores creativos tienen sobre sí mismos después de una vida —joven y adulta— dedicada a la formación, donde se dibuja algo singular de la frustración laboral contemporánea. Expectativa que hoy se canaliza, expresa y transforma en una cultura en red”.  Para la autora, la precariedad en los trabajos creativos funciona como forma de domesticación, porque es engañosa y tiende a hacer pensar que es temporal y necesaria como fase hacia unos trabajos mejores, más estables

Como solución a este funcionamiento del mundo cultural, en el que los directivos y jefazos explotan a artistas amantes de lo que hacen que anhelan cualquier tipo de oportunidad para demostrar su valía, Zafra no encuentra medidas fáciles. Ve en la aceptación de cada situación individual y en la asociación y apoyo entre los trabajadores -algo que comienza a practicarse- las claves para salir de este pozo negro.

La afiliación sindical podría ser una respuesta de articulación defensiva para las personas creativas de las que se aprovecha el sistema cultural, pero los artistas no ven con buenos ojos a las estructuras sindicales, que en numerosas ocasiones se ven salpicadas por situaciones de corrupción y de desacuerdo con los trabajadores a quienes defienden. “Veo necesaria la creación de nuevos formatos que cumplan la función de defensa de los derechos de los trabajadores creativos”, sentencia la escritora.

Otro tema a tratar es la auto explotación de los artistas, algo demasiado común en la práctica creativa. Se producen dos tipos de entusiasmo para el productor artístico: un entusiasmo sincero y un entusiasmo inducido por el sistema capitalista -de pocos se crea para muchos-. El primer tipo de entusiasmo se traduce en una pasión creadora relacionada con la libertad que se cree el artista (que en realidad es poca). La práctica creativa se produce como un posicionamiento de libertad, ya que los artistas se creen afortunados al haber pertenecido a familias que no podían permitirse ni acceder a la universidad, siendo más grave el caso de tratarse de mujeres. De este orgullo por dedicarse a lo que verdaderamente les apasiona nace la predisposición a trabajar por poco, incluso gratis. Esta práctica se hace más reiterativa al tener en cuenta lo saturado que está el mercado laboral, y pequeños trabajos artísticos acaban siendo pagados con certificados, reconocimiento o visibilidad. Sobre este aspecto comenta Joaquín Aragón, pintor e ilustrador vallisoletano a tiempo parcial, algunas particularidades.

Con internet, las formas de consumir cultura y de crearlas han virado hacia un universo creativo en el que predominan la acumulación y la cantidad de contenidos frente a la profundidad. Se trata de obras condenadas a ser sustituidas inmediatamente por lo más nuevo, lo más visitable, que se hacen y almacenan en la web sin muchas veces ser vistas; por lo que la labor del artista queda relegada a una posición de creador necesario pero irrelevante. Zafra critica que se haya hecho habitual, tanto para el público como para los creadores, estrenar constantemente información y obra. “Es lo que también hacen los niños cuando, frente a diez regalos, piden más sin haberse parado a ver qué había en los anteriores”. Dice tener la sensación de que hemos dejado de mirar con atención las cosas. “El capitalismo cultural anima a vivir la cultura como entretenimiento y consumo, o como intervalo que interesa y después resbala”.

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