Periodismo Participativo en Red
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Seguro que alguna vez te habrás preguntado como funciona el motor de búsqueda más famoso de internet. La respuesta es que Google utiliza tus datos para ofrecerte una respuesta personalizada por medio de los algoritmos de búsqueda.

Casos recientes, como el de “Cambridge Analytica”, han hecho saltar las alarmas en lo que se refiere a la seguridad del tratamiento de nuestra información recabada en internet. Hoy en día, los motores de búsqueda o las Redes Sociales manejan una inmensa cantidad de datos sobre nosotros y esto ha provocado que nuestra privacidad -e intimidad -se hayan visto amenazadas. Pero, ¿Cómo funcionan los algoritmos que tratan esta información en el medio on-line? ¿Podemos estar realmente seguros?

Empecemos por el principio. La verdadera popularización de Internet se inició a partir de finales de la década de los ’90), a partir del desarrollo de la World Wide Web en 1992. La WWW es el sistema de distribución de documentos de hipertexto o hipermedios, al que accedemos a través de los navegadores y que hoy prácticamente se confunde con el concepto de Internet. Gracias a este sistema se rebaso por primera vez la cifra del millón de hosts -o lo que es lo mismo, el número de dispositivos conectados a la red y que utilizan y proveen de servicios. A partir de este momento la tasa de crecimiento de Internet se situará en torno al 341%, un crecimiento espectacular no solo en la cantidad de nodos, sino también de usuarios.

"El 95% de toda la información existente en el planeta esta digitalizada y, en su mayor parte, accesible en Internet."

En la actualidad Internet lo abarca casi todo y ha contribuido inmensamente a la transformación -o al menos a la redefinición -de la sociedad. Gracias a Internet millones de personas tienen acceso fácil e inmediato a una cantidad extensa y diversa de información en línea.

 

En la nueva Sociedad de la Información, Internet ha crecido de forma exponencial, dando lugar al mayor contenedor de conocimiento que haya existido nunca. Según un estudio publicado en 2010 en la revista Science y escrito por Martin Hilbert, el 95% de toda la información existente en el planeta esta digitalizada y, en su mayor parte, accesible en Internet.

En este contexto, la sobreabundancia de información disponible fue desde el principio uno de los principales quebraderos de cabeza para la nueva industria cibernética. Así se crearon los motores de búsqueda -como Google, Yahoo, Bing, ASK… –que son páginas alojadas en Internet que nos permiten, por medio de algoritmos que comparan e indexan otras páginas disponibles, hallar la información deseada de la forma más cómoda y rápida posible.

El algoritmo más celebre -utilizado y también criticado- es el que permitió a la compañía californiana, Google, imponerse en el sector de los motores de búsqueda. En sí, el concepto de algoritmo no es nuevo, ya que procede del término matemático que designa a la lógica que se sigue para solucionar un problema. En el caso de los buscadores, el algoritmo es un complejo código informático que sirve para hallar, clasificar y enviar al usuario los resultados más relevantes

En el caso de Google -y en el de otros muchos buscadores…- los algoritmos utilizados son constantemente mejorados y actualizados para conseguir la respuesta exacta que necesitas en el menor tiempo posible. Google utiliza una decena de filtros, variables y algoritmos. Tanto es así, que en ocasiones es difícil –incluso para los propios generadores del software –saber que filtro se está ejecutando o que criterios llevan a Google a mostrarnos determinado contenido.

 

Durante los últimos años, Google ha ido realizando miles y miles de cambios en sus algoritmos de búsqueda. Algunos de estos cambios son muy pequeños –simples ajustes- que continúan con la evolución del buscador, sin embargo, a veces, son bruscos, drásticos e incluso contradictorios.

Los cambios de algoritmos no son simples actualizaciones sino que cada una de estas líneas de cambio implican múltiples variaciones que se producen a lo largo del tiempo y de forma progresiva. Los principales cambios que se han producido en el caso de Google, son los siguientes:

 

+Google Panda: una actualización que apareció por primera vez en 2011 y que prima la calidad en el contenido para evitar el spam –entre otras cosas.

 

+Google Penguin: esta actualización se implementó a partir de 2012 y supuso todo un cambio en la forma de entender la calidad de los enlaces y su efecto en el posicionamiento de una determinada web.

 

+Google Hummingbird: fue lanzado en agosto de 2013 y supuso un cambio radical en el paradigma de los algoritmos de Google. Suponía una verdadera ruptura con el sistema anterior y se cree que llego a afectar hasta a un 90% de las búsquedas en todo el mundo. Su principal objetivo era tener en cuenta la intención de búsqueda y no solo las palabras claves, como se venía haciendo hasta entonces.

 

+Google Pigeon: apareció en 2014 y estaba dirigida a favorecer las búsquedas a nivel local, teniendo para ello en cuenta la geo-localización del usuario.

Hoy en día nos encontramos rodeados por algoritmos y los motores de búsqueda son –ni mucho menos los únicos en utilizarlos. Las Redes Sociales, sin ir más lejos utilizan cada día sus sofisticados algoritmos de tratamiento de datos para ofrecer a los usuarios contenidos personalizados. Esto sin embargo, no tiene por qué ser negativo, siempre que se garantice la seguridad de nuestros datos.

El problema es que, al utilizar los algoritmos, se está consolidando al público en función de sus gustos y decisiones anteriores. Esto provoca que el usuario se esté reafirmando en sus propias convicciones y percepciones del mundo -lo cual podría ser nocivo a largo plazo.

Por otra parte, los datos personales son la información más valiosa que poseemos en la era tecnológica, por lo que estos datos podrían pasar a ser una moneda de cambio en el futuro.

Aún es pronto para vaticinar que sucederá en los próximos años pero sí que parece innegable la gran repercusión que ya tienen, a día de hoy, tecnologías como esta. Seguiremos pendientes de los próximos avances en el sector, mientras tanto podemos fantasear con la idea de un futuro distópico “a lo black mirror”, en el que la tecnología artificial acabe por destruirnos.

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