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El Centro Social de la Milagrosa, en Delicias, ofrece comida caliente y sitio donde poder asearse a los más de 100 ‘sin techo’ que hacen uso de sus instalaciones

La brecha social entre los barrios más ricos y los más pobres se ha acrecentado en Valladolid en los últimos años por la crisis. Un estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja, por primera vez con datos concretos, la diferencia entre 18 zonas residenciales de la capital y muestra que dos de ellas están entre las más pobres del país.

Los ingresos mínimos por habitante se localizan en la zona este, al otro lado de la vía, concretamente en la zona de Pajarillos Bajos, donde los vecinos disponen de unos 21.127 euros de media al año. Una situación muy similar se registra en el área de Caamaño-Las Viudas, donde este capital sube ligeramente para llegar a los 21.531 euros.
Estas diferencias entre barrios las confirma Pedro, un vecino de Pajarillos Bajos. Vive en el polígono de viviendas 29 de Octubre, pendiente de un proyecto de rehabilitación urbana desde hace años. El Ayuntamiento quiere acabar con la situación de precariedad en la que viven. «Las casas tiene unos 45 m2 y la mayoría de los vecinos son gente jubilada o en el paro, con rentas bajas», explica. Él lleva en paro más de dos años.

Aún así, este vecino asegura que aunque la zona tenga «mala fama» él está «contento» en el barrio donde lleva viviendo más de 11 años. Asegura que si finalmente sale adelante el plan del Ayuntamiento para rehabilitar la barriada, mucha gente optará por quedarse en ella porque la zona «está bien de servicios», aunque lamenta que en estos años de crisis ha visto que se abren y se cierran muchos negocios.

En Las Viudas, la mayoría de las casas «están deshechas»

La otra barriada que aparece en la encuesta del INE entre las más pobres del país es la de Las Viudas, en Delicias. Esta zona de la ciudad sufre una situación de degradación muy visible y también figura desde hace muchos años en los planes municipales de rehabilitación aunque, de momento, no se ha concretado ningún proyecto. Gervasio, un vecino de 84 años, lleva viviendo en el barrio más de 20 años y asegura que la mayoría de las casas «están deshechas», una situación que es visible desde el exterior. En un simple paseo por las calles aledañas a la avenida de Segovia o al Paseo de Juan Carlos I se aprecia que la mayoría de las viviendas tienen los cristales rotos o no tienen ventanas, no hay puertas en casi ningún portal y abunda la basura en muchas de sus calles. «Nos prometieron arreglarlo, pero de momento no hay nada», lamenta Gervasio. Eso sí, asegura que a pesar de que allí se concentra mucha población de etnia gitana y emigrantes «no existen problemas de convivencia».

Surge la caridad

Entre ambos barrios se sitúa el Comedor Social y la Unidad de Higiene que mantiene la parroquia La Milagrosa, atendida por los padres Paúles.

Esta obra altruista abrió sus puertas como comedor solidario los domingos y festivos en 2009 ya que «el comedor social del ayuntamiento esos días cerraba y no podíamos dejar sin algo caliente que llevarse a la boca a las más de 90 personas que lo frecuentan» explica el párroco, el padre Paúl José Luis Rojo.

Pese a que el Ayuntamiento de Valladolid reforzó su servicio a partir de 2013 con la apertura del comedor de la calle Antonio Lorenzo Hurtado todos los días de la semana, las instalaciones de La Milagrosa siguen siendo necesarias. La crisis económica aprieta a los ciudadanos de a pie pero ahoga sobremanera a los que menos tienen.

En 2015, gracias a un acuerdo llegado con Cáritas, se reformó la antigua guardería que regentaban las Hijas de la Caridad. «Se vio que las necesidades en el barrio ya no eran cuidar a los hijos cuando los padres marchaban a trabajar», comenta el padre José Luis Rojo. «Existía en la ciudad la necesidad que abrir un centro que atendiera a aquellas personas en situación precaria, personas sin hogar o en situaciones de infravivienda que no tuvieran un sitio donde poder asearse o lavar la ropa».

Esta unidad de higiene abre los lunes, miércoles y viernes. Cuenta con lavadoras, secadoras, servicio de podología, cuatro baños completos con ducha y peluquería. «La imagen no debe ser un motivo de exclusión social» afirma con gran rotundidad el párroco.

Esta obra solidaria funciona gracias a las aportaciones de Cáritas Diocesana, al esfuerzo de los Padres Paúles y las Hijas de la Caridad y a una treintena de voluntarios anónimos, sobre todo vecinos del barrio, que altruistamente acuden semanalmente al centro distribuidos en turnos.

Todos ellos hacen posible el ‘milagro’ de dar una comida caliente al colectivo “sin techo”, un sitio donde asearse y donde puedan disfrutar de unas horas con calefacción.

Pero también se alimenta el espíritu y la esperanza porque tanto los religiosos como los voluntarios buscan que el comedor sea también un «lugar de encuentro» y un «espacio de acogida» para charlar con los usuarios. Todo de cara a buscar alguna solución para mejorar su situación, según comenta el párroco, Luis Miguel, ya que se dan a conocer otros recursos y programas de Cáritas: «Buscamos, en definitiva, la promoción integral de la personal».

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