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Please, don’t shoot the DJ

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La sociedad en la que vivimos nos ha enseñado que hay una cosa que es más difícil de eliminar que las manchas de vino en la alfombra: los estereotipos. Las etiquetas nos rodean y nos persiguen a todos. Si alguien dice que le gusta Star Wars, por definición esa persona ya pasa a ser un friki, si una persona se tatúa el escudo de su equipo de fútbol se convierte en un ultra, y si otro admite que le gusta la música rap, es un pandillero, un misógino o algo mucho peor. Pero los frikis de Star Wars pueden argumentar que aprecian el cine clásico de ciencia ficción, los ultras con el escudo de su equipo tatuado pueden recurrir a la pasión, el sentimiento de pertenecer a algún sitio que solo puede proporcionar el mundo del deporte, pero a los que nos gusta la música rap no tenemos mucho con lo que poder rebatir a las personas que atacan un estilo, una cultura, una forma de vida.

Pero no por falta de argumentos, que los hay, sino porque pocos se paran a escuchar lo que el mundo del hip hop puede transmitir. “Eso no es poesía, es basura” es una de las frases a las que estamos más acostumbrados. Es verdad que si alguien pone de ejemplo a algunas de las figuras más conocidas del mundo del rap, quizá no sean un modelo de conducta apropiado. En EEUU, la cuna del hip hop, no eres alguien en el rap si no has pasado por la cárcel. Pero la gente solo se queda con eso. Entre las letras machistas de Porta, las frases que encumbran el mundo de las drogas, el alcohol y la prostitución como Lil Jon o Wiz Khalifa o por las canciones a veces carentes de trasfondo y de las que solo se puede salvar la base como algunos de los hits más famosos de Natos y Waor o Costa, el rap es cada día que pasa más difícil de defender. Como decía el cómico Chris Rock “Es duro defender la música rap. Es duro defender letras como ‘Muévete zorra, fuera de mi camino’”. Pero en el rap hay más. Mucho más.

Pero no por falta de argumentos, que los hay, sino porque pocos se paran a escuchar lo que el mundo del hip hop puede transmitir. “Eso no es poesía, es basura” es una de las frases a las que estamos más acostumbrados. Es verdad que si alguien pone de ejemplo a algunas de las figuras más conocidas del mundo del rap, quizá no sean un modelo de conducta apropiado. En EEUU, la cuna del hip hop, no eres alguien en el rap si no has pasado por la cárcel. Pero la gente solo se queda con eso. Entre las letras machistas de Porta, las frases que encumbran el mundo de las drogas, el alcohol y la prostitución como Lil Jon o Wiz Khalifa o por las canciones a veces carentes de trasfondo y de las que solo se puede salvar la base como algunos de los hits más famosos de Natos y Waor o Costa, el rap es cada día que pasa más difícil de defender. Como decía el cómico Chris Rock “Es duro defender la música rap. Es duro defender letras como ‘Muévete zorra, fuera de mi camino’”. Pero en el rap hay más. Mucho más.

Son muchos los ejemplos tanto en España como fuera de nuestras fronteras de auténticos genios que por medio de sus canciones transmiten un universo de valores, sensaciones y sentimientos. Uno de los más claros y menos conocidos quizá sea el tema “Corazas de plástico” del grupo El Artefuckto, compuesto por Seih, Nasho y Pekeño. Tres artistas fantásticos, miembros del también fantástico grupo Crew Cuervos. En su último LP, “A nuestro ritmo” hablan desde la corrupción política hasta la felicidad de estar vivo, pero para mí su tema más icónico es el ya citado “Corazas de plástico” en donde se narra la vida de tres mujeres que intentan escapar de su infierno personal: la prostitución, el maltrato y las drogas. Un tema tan descorazonador y esperanzador a la vez, capaz de dejarte helado a cada frase. Solo la parte de Pekeño, la parte en la que se habla de los malos tratos, merece ser escuchada una y otra vez para entender la complejidad y profundidad del tema y la dignidad con el que consiguen llegar al otro lado del altavoz. “Noto que se queja mientras duermo/mi madre solo llora cuando nadie puede verlo/mañana hará calor pero ella vestirá de invierno/bajo esas gafas negras se camufla dolorida una vida de infierno”. Tremendo.

Un tema recurrente en el mundo del rap es la discriminación. La misma discriminación contra la que ya luchaban Public Enemy, N.W.A o Tupac. El racismo, otra de las muchas lacras que parece imposible de erradicar de la sociedad. Un tema tan complicado y sensible y tan bien tratado en España gracias a la idea que tuvo Chojin de reunir a algunos de los mejores MCs del panorama nacional para hablar del tema y hacer un himno de lucha contra el odio. Violadores del Verso, SFDK, Duo Kie, La Excepción, Falsalarma, Ose, Nach, Xhelazz y el propio Chojin unieron sus voces para demostrar que el rap, y en general la música, es una fuerza muy poderosa a la hora de luchar contra los estereotipos. “Alto, bajo, feo, guapo, negro, blanco/qué más da/dentro de cien años/todos calvos bajo tierra, va”. Kase.O: dicho queda.

Una de las personas más difíciles de convencer de algo en esta vida siempre es la madre de uno. Para que te deje salir hasta tarde, para que te deje ir a jugar al fútbol bajo la lluvia y, por supuesto, para hacerle ver que la música rap no tiene nada de malo ni violento. Mi as bajo la manga para que comprendiera que el rap era mucho más que insultos y bravuconadas fue el tema “Ángel” de Nach. Una canción que cuenta la vida de la hermana del artista, que nació con parálisis cerebral y que falleció con solo 16 años. La historia real de un momento tan duro y traumático del que salió uno de los temas que desprenden más amor del rap español.  “Maldigo a quien te negó el regalo de sentir el sol/de ver amanecer, de conocer a tu primer amor”. Amor en estado puro.

Pero no todo en el rap serio español son temas tan espinosos. También hay hueco para la alegría, para la sonrisa. “Estaba escrito” fue el primer LP en solitario del siempre polifacético Rayden. Un disco lleno de letras geniales como “Imágenes” con Seih, Isaac y Lumier o “Mariposas”, pero que sin duda nos dejó un tema inmortal y positivo por necesidad como “Sastre de sonrisas”.  Junto con Hermano L crea una oda a la alegría, a la felicidad, a ser uno mismo, a sonreír a todo y a pesar de todo. Una base maravillosa, un estribillo pegadizo y una letra llena de energía. El que está triste es porque quiere.

Fuera de España también hay auténticos magos que deslizan sus mensajes detrás de una base. Y aunque las voces masculinas sean las más abundantes en el hip hop, no es un mundo de hombres.  La voz con más autoridad de toda Francia es Keny Arkana, la chica mala de las calles de Marsella. Hija de inmigrantes argentinos, activista en favor de los derechos del pueblo palestino y de los pueblos desfavorecidos y miembro del colectivo La rage du peuple, es reconocida internacionalmente por sus letras de protesta contra el sistema capitalista, en favor de la desobediencia civil y su lucha por la conservación del medio ambiente. “Un silence de deuil/une balle perdue/toute une famille en pleurs/un enfant abattu” (Un silencio de duelo/una bala perdida/toda una familia llorando/un niño asesinado). “Cinquième soleil” no es solo rap político, es un reflejo de la rabia contenida, de la impotencia de no poder hacer nada, de las ganas de cambiar el mundo.

Al otro lado del charco el mundo se mueve entre dos extremos: la pobreza más absoluta de muchos y la opulencia de unos pocos. Brasil es el ejemplo más claro de este mundo de desigualdades. Ciudades como Sao Paulo o Rio de Janeiro en donde los rascacielos y mansiones con piscina se confunden entre los barrios de las favelas. Para muchos niños de las favelas la música es la única vía de escape de una vida abocada al tráfico de drogas o las guerras de bandas. Un lápiz, una libreta y un ritmo es lo que separa a los jóvenes del horror. Emicida, uno de los raperos  más importantes del país carioca, es uno de los ejemplos más determinantes de que la música salva más vidas de las que pensamos. Pero la infancia en las favelas de Sao Paulo no es fácil para nadie, así lo plasma el MC en “Levanta e anda” del disco “O glorioso retorno de quem nunca esteve aquí”. Ocurra lo que ocurra, por muy mal dadas que vengan, si te caes solo queda una solución: levantarse y andar.

Ser fiel a uno mismo es uno de los temas más recurrentes en la música. El hip hop también ha explotado ese tema y nadie como el inglés Lowkey lo ha contado mejor. En “My Soul” el londinense hijo de iraquíes da una lección de cómo mantenerse firme ante los cantos de sirena de todos los que te prometen oro y ser feliz con lo que uno es sin vender tu alma al diablo. El arte no se puede vender ni comprar, solo transmitir y sentir. “Whether I’m number one/number two/or number three./I’m unique/and there will never be another me” (No importa ser el número uno/número dos/o número tres./Soy único/y no volverá a haber otro yo). Ser genuino y autentico, como solo Lowkey sabe ser.

Solo son siete de los muchos ejemplos que arrojan un poco de luz a la leyenda oscura del hip hop. Letras puras, autenticas, historias reales que dejan al espectador estupefacto y sin aliento. La música rap es la forma de decir lo que pocos quieren escuchar, de plasmar la vida en la calle, las injusticias, las penas y las alegrías. Y todo ello entre rimas y ritmos. Antes de atrevernos a etiquetar un estilo o una cultura hay que profundizar más en ello para tener una visión correcta de lo que queremos criticar. Es difícil no pararse a pensar con las letras de Frank-T, es complicado no alucinar con las virguerías de algunos B-boys, es imposible no conmoverse con los grafitis denuncia de Banksy. Detengámonos a escuchar, mirar y admirar antes de estereotipar. Y por favor, no disparen al DJ.

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