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La situación de inseguridad en Venezuela hizo que Andrea dejase la carrera de Comunicación en su país para empezar a cursar Periodismo en la UVa

Hacer las maletas para marchar de tu país sin tener un billete de regreso es una decisión que cuesta tomar. Y más, cuando dejas atrás a gran parte de tu familia. Cuando ya lo tienes casi todo al alcance de los dedos. Ese fue el caso de Andrea Navarrete Dehollain, una estudiante de Periodismo en la UVa, que dejó hace algo más de un año su querida Venezuela, para empezar de cero.

El 10 de febrero es una de las fechas que siempre tendrá en la mente. Su llegada a España dejando atrás el país donde había nacido y crecido. Una decisión que le costó asimilar, pero que era consciente,  debía tomar. Los comienzos no fueron fáciles, sobre todo por el papeleo y la falta de una figura que le ayudase a hacerlo todo más fácil.

La venezolana aterrizó directa en la Universidad de Valladolid, para seguir cursando Periodismo, lo que en su país es Comunicación.  «Cuando vine estaba en el tercer curso, en la mitad. Llevaba tres años y medio de carrera», asegura Andrea. «Desde Venezuela, en junio de 2015, empecé a pedirlo todo en la Universidad de Valladolid, a legalizarlo, fue lo más difícil del proceso, pues en Venezuela no te permiten legalizar para que no te marches del país», declara.

Navarrete comenzó a realizar los trámites a través de internet en el mes de junio, apenas se abrió la oferta de inscripción para el cuatrimestre, que comenzaba en septiembre. Además, esos meses de verano, la venezolana los pasó en la ciudad de Valladolid, con la intención de agilizarlo todo. «Yo creo que, en verdad, la universidad me dio respuesta relativamente rápida. El problema es que me convalidaron muy poco con respecto a lo que yo ya había estudiado«, confiesa la estudiante.

Al no recibir una contestación debido al periodo de vacaciones, Andrea regresó a su país, no comenzó el curso en septiembre, como tenía pensado, lo hizo en febrero, pues la universidad le posibilitó el guardo de inscripción. «En verano la facultad no funciona, yo hice todos los trámites que pude en julio. En agosto estuvo muerto y no fue hasta el 18 de septiembre que me dieron respuesta. Me pareció demasiado tiempo sin saber nada de la universidad, porque además el 20 de ese mes yo regresaba a Venezuela».

Lo difícil para ella, cuenta, fue poner en orden todas las asignaturas, porque ella ya había cursado bastantes. Además, se unió el factor de campus virtual, al que no tenía acceso. «Yo no tenía clave y usuario, porque estaba inscrita con el pasaporte. Tuve que ir al decanato como 7 veces. Hasta la tercera semana de clase no me aparecieron asignaturas al campus virtual. No pude tener acceso a él hasta bien entrado el cuatrimestre», admite.

Tras un año en la ciudad, a la que ha llegado a adaptarse a la perfección, es capaz de sacar las conclusiones de todo el proceso de papeleo. «Yo creo que la universidad no está acostumbrada a manejar casos como los míos, que son atípicos, pues yo venía  ya con tres años y medio de carrera y tenía asignaturas de prácticamente todos los cursos por la mañana y por la tarde. Como  no saben manejar bien estos casos, obviamente se les dificulta».

La estudiante siente que la universidad está  algo perdida, como ella lo estuvo en su día y recuerda, que entonces echó en falta una figura para casos como el suyo. «Tampoco sentí que tenía una figura, como alguien de relaciones internacionales que se pudiera encargar de casos así, específicos. Hay gente, pero gente que está acostumbrada a trabajar con casos muy puntuales, y regulares, no irregulares como el mío».

Pero por suerte, Andrea terminó encontrando en el camino a alguien que le ayudó a agilizar todos los procesos. «La verdad, hubo una mujer sumamente amable, que me ayudó a acelerar todo. Esta mujer, del decanato me ayudó a que me validaran todo y a que lo hicieran lo más rápido posible, porque si no, no me podía matricular». En general, por ese lado, sí que se vio ayudada, pero, no se cansa en repetir la ausencia de una figura para situaciones como la suya, que no son muy comunes, pero no por ello menos importantes. «Yo sí creo que falta una figura que se encargue de casos irregulares o de gente extranjera, que no tienen por qué ser los casos comunes de alguien que lleva tiempo estudiando en la UVa», concluye.

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