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Escasez de enchufes en las aulas de Filosofía y Letras

Enchufes y regletas. Esas son dos de las palabras más escuchadas en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid. Un problema que viene de lejos y que, año tras año, se sigue repitiendo. Aunque hace varios cursos eran escasos los estudiantes que acudían a las aulas con sus portátiles,  el alumnado ha decidido cambiar el bolígrafo y el papel por el sonido de los teclados de los ordenadores. Como consecuencia, en la actualidad, son minoría aquellos que acuden a clase sin un dispositivo electrónico.

El problema viene cuando ese dispositivo decide dejar de funcionar y necesita una toma de corriente cerca para alimentar su batería. El agobio por no tener enchufes suficientes y no poder utilizar el ordenador en clase para coger los apuntes se apodera del alumnado.  Estos han optado por acarrear con regletas desde sus casas para poder conectar sus dispositivos.

“No es normal que tengamos que venir con ladrones para poder utilizar los dispositivos electrónicos”, apunta la estudiante Raquel de la Rosa. “Con la suma de dinero de la matrícula deberíamos contar con servicios mínimos para poder trabajar cómodamente en clase”, matiza.

Aulas de la Facultad como la 102 o la 003 cuentan solamente con cuatro tomas eléctricas disponibles para clases que pueden albergar a más de 60 personas. Aunque la conserjería de la Facultad cuenta con regletas que el colectivo estudiantil puede recoger dejando de fianza su carnet de la Uva, los ladrones son insuficientes y si no eres uno de los primeros en llegar es habitual que ya no las encuentres. Por ello, una de las técnicas más utilizadas entre compañeros es la compra de una regleta entre varios y turnarse cada día su transporte. “Nos solemos ir rotando entre los amigos para que no siempre sea el mismo quien cargue con ello”, señalan. Así, ver al alumnado cargando ordenadores en las tomas de luz de pasillos de la Facultad se ha convertido en una imagen habitual.

Asimismo, el colectivo estudiantil de Filosofía y Letras señala que otras facultades de la Universidad cuentan con un buen equipamiento de enchufes en las aulas, tal como la Facultad de Educación y Trabajo Social. Por todo ello, el alumnado reclama una mejora de acondicionamiento en las aulas. Una petición esta que, junto a otras como la mejora del wifi de la Uva, se puede calificar de “histórica”.

 

La Facultad responde

El decano de la Facultad de Filosofía y Letras, D. Javier Castán Lanaspa, señala que prevé en un futuro realizar una reforma estructural  de la instalación eléctrica, pero no solo de la Facultad, que ha obtenido una de las máximas calificaciones de rentabilidad, sino de todas las instalaciones de la Uva. “En tiempos de recortes hay que priorizar”, matiza.

Asimismo, explica que han tenido lugar renovaciones en los espacios académicos como pizarras digitales, equipos de proyección o aumento de tomas eléctricas en salas de estudios como la de la primera planta, por ejemplo.

“Los estudiantes tienen que intentar venir con las baterías bien cargadas o más potentes porque no se puede asegurar la recarga de sus dispositivos en el aula”, apunta. “No creo que sea un asunto que impida el desarrollo de la vida académica. Además, hay gran parte  de clases que son impartidas en aulas multimedia”, comenta.

El coste que supondría la decisión de renovar la instalación, el número de terminales por cada estudiante, su sostenibilidad, viabilidad y la previsión de un consumo eléctrico masivo serían factores a tener en cuenta a la hora de realizar una reforma, como explica Castán.

Frente a las quejas presentadas por el colectivo estudiantil sobre el dinero de las tasas de matrícula, responde: “Personal académico cualificado, de biblioteca, cafetería, de servicios, la red wifi, electricidad, agua, adquisición de fondos bibliográficos… Me gustaría saber si todo eso cubre la matrícula que pagan los estudiantes. Además de tener en cuenta la gran parte de becados que hay”.

«Clases vacías con las luces encendidas o ventanas abiertas en invierno son hechos que hacen pensar que es necesario una conciencia global del espacio público. Un espacio de todos”, finaliza.

 

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