Periodismo Participativo en Red

Elena tiene 5 años y comienza hoy su primer día de colegio. Está muy entusiasmada porque mamá y papá ya le han hablado de cómo es ese lugar: nuevos amigos con los que jugar, profesoras que le enseñarán a “hacer cosas de mayores” y muchos juguetes con los que jugar. Lleva con ella su camión preferido, el que le regalaron los abuelos en su quinto cumpleaños.

Cuando llega al edificio escolar, Elena se queda asombrada, ¡es enorme! Se despide de mamá y papá y pone rumbo a la que será su nueva aula. ¡Vaya, está llena de dibujos en las paredes, de juguetes y de niños!

Es la hora del recreo y Elena se acerca con su camión a un grupo de niños que están jugando en la arena. Antes de que pueda abrir la boca, uno de los niños le suelta: “No puedes jugar con nosotros, estamos jugando a juegos de niños.” Elena, muy disgustada, se dirige a la profesora para contarle lo ocurrido. La profesora la mira con ternura y la anima a que vaya a jugar con un grupo de niñas que hay debajo de unos árboles. Elena camina con paso decidido hacia las niñas, dispuesta a enseñarles todas las piruetas que hace su camión. Sin embargo, una de ellas la ve acercarse y le grita: ¡No puedes jugar con nosotras si no traes una muñeca, los camiones son cosas de niños! Elena se pone tan triste que nota como las lágrimas empiezan a caerle por las mejillas. El recreo ha terminado.

Muchas personas piensan que la historia narrada anteriormente es un caso sin ninguna relevancia que se da en la mayoría de colegios. “Son cosas de niños”. Sin embargo, la gravedad de este hecho es tanta como la indiferencia que le prestamos. La asignación de unos determinados roles a niñas y otros determinados roles a niños es la primera manifestación del machismo y sexismo que impera en toda la sociedad. Cuando a los niños les decimos que su color es el azul, que les tienen que gustar los coches o el fútbol, que no pueden llorar, que tienen que ser valientes, estamos sembrando en su mente la idea de que ellos son el sexo fuerte. Cuando a las niñas les decimos que su color es el rosa, que les tienen que gustar las muñecas o las cocinitas, que tienen que comportarse como señoritas y que no deben ser brutas, les estamos diciendo en realidad que ellas son el sexo débil.

Dejad a las niñas que sean lo que quieran ser: bailarina, astronauta, cantante, piloto de Fórmula 1. Dejad a las niñas que jueguen con lo que quieran: coches, muñecas, balones. Dejad de enseñarle a las niñas que ellas son Aurora, una bella y frágil princesa que tiene que esperar a que la rescate un príncipe y decidles que ellas son Mérida, una princesa valiente, que puede enfrentarse a peligros sola, sin la ayuda de ningún príncipe.

Written by

La indignación como motor para cambiar las cosas. Escribo sobre feminismo en la sección BeYourself de NewsLab.

Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.