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La belleza del vello

Hace unos días el famoso modelo Jon Kortajarena subía a su perfil de Instagram una imagen de un cuadro. La célebre pintura era El origen del mundo de Gustave Courbet. Para los que no la conozcan, se trata de un lienzo en el que aparece un escorzo de una mujer vista desde abajo, desnuda y abierta de piernas, por lo que en un primer plano aparecen sus genitales. El aluvión de comentarios no se hizo esperar y, desgraciadamente, el tono de los mismos, no sorprende. Dejando a un lado las mojigaterías de algunas personas que se escandalizan ante un cuerpo humano desnudo (sobre todo si es femenino) y que les hacen incapaces de admirar una obra de arte, lo que provocó más desasosiego fue (redoble de tambor) el vello púbico de la modelo. Esto me hizo reflexionar sobre cómo la sociedad patriarcal en la que una mujer debe ser, ante todo, perfecta ha conseguido atrofiar de tal forma nuestro concepto de belleza que se nos ha olvidado hasta cómo es un cuerpo femenino.

Con la llegada del buen tiempo los anuncios de productos destinados a la depilación se triplican: bandas de cera, cuchillas (rositas, por supuesto), brauns silk epil, también conocidas como maquinillas del infierno y un largo etcétera. ¿Adivináis lo que tiene en común toda esta publicidad? Efectivamente, toda está dirigida a mujeres. “No te quedes sin ningún plan, con esta cuchilla estarás lista en 5 minutos”. Porque, obviamente, no se te ocurrirá salir a la calle con pelos en las piernas, en las axilas o en cualquier lugar que se vea, ¿acaso eres una cochina? Y éste es uno de los mitos que la sociedad nos ha implantado en el cerebro: el pelo (en la mujer, claro) es antihigiénico. Falso, la naturaleza es sabia y si ha colocado vello en determinados sitios, es por algo. Además, depilarse modo Barbie es contraproducente porque, por ejemplo, el vello púbico sirve para evitar infecciones cutáneas e incluso Enfermedades de Transmisión Sexual.

A las mujeres se nos exige alcanzar unos cánones de belleza que agraden al hombre y el vello corporal está fuera de esos cánones. Este ideal de belleza supone un presupuesto que tenemos que destinar a ser lo más perfectas posibles, además de soportar un dolor inhumano (ni la cera ni el láser son agradables). Todo ello para ser aceptadas en una sociedad que no nos acepta a nosotros. Ignora a todos los que te miren mal por decidir ser como quieres ser, porque ya se sabe que donde hay pelo, hay alegría.

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La indignación como motor para cambiar las cosas. Escribo sobre feminismo en la sección BeYourself de NewsLab.

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