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Sus majestades Jay-Z y Beyoncé: monarcas de la música

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Hablar de Jay-Z y Beyoncé o de Beyoncé y Jay-Z es hablar de los reyes del panorama musical. La pareja más poderosa del mundillo acapara portadas, premios y elogios allá a donde van. Sin duda son una de las parejas más singulares y talentosas del mundo del ‘famoseo’.  Cuando sacan un disco, un tema nuevo u abren un negocio parece que el mundo se va a parar mientras las radios y discotecas repiten una y otra vez sus éxitos. Entretanto, los expertos y los fans rinden pleitesía. No es para menos. Son los soberanos de la música.

Queen B es la reina del pop (con permiso de Rihanna, Katy Perry y otras aspirantes al trono). Solo ella sabe poner patas arriba un estadio entero, aunque sea en la Super Bowl, el evento televisivo más importante del año. Solo ella consigue desde el escenario llevar al estasis a los fans ya sea con un tema o con uno de sus bailes. Y lo lleva haciendo desde mediados de los noventa, cuando aún era una adolescente y las Destiny’s Child un grupo que empezaba a despuntar en Estados Unidos, consiguiendo la consagración con “Lose My Breath” en el que sería el último álbum del grupo, en 2004.

Un año antes, Beyoncé ya había iniciado su exitosa carrera en solitario. Una carrera que le ha reportado muchísimo éxito y que la ha llevado al número uno de las listas en más de una ocasión. Pero el gran valor de Yoncé es que ha conseguido crear su propio estilo y cambiar para siempre el panorama musical. Temas como “Say my name”, “Halo” o “If I were a boy”, que van desde el R&B clásico hasta el Pop, son de los más reconocibles de la artista texana. Pero la canción con la que ha cambiado la música ha sido “Single Ladies”, no solo por su letra y su ritmo, sino por su videoclip, uno de los más reconocibles de la historia. Reproducido más de 500 millones de veces en Youtube y parodiado por diversos artistas, tanto el tema como la coreografía de “Single Ladies” se convirtieron en la marca de identidad de Beyoncé, además de ser su tema más descargado y que ganó en el 2010 el Grammy a la canción del año.

Ser una de las artistas que asegura más éxitos con cada álbum ha permitido a Beyonce experimentar con su estilo. Aunque el R&B, el Pop y soul son los registros en los que se encuentra más cómoda, Bey se atreve con otros estilos como el tecno o incluso el trap. Un ejemplo de este último estilo es el tema de 2014 “7/11”, uno de los más reproducidos en internet y el que está considerado como su último gran éxito. El tema, con influencias del hip-hop de la costa este, destaca por su ritmo y por ser uno de los más pegadizos de la discografía de Queen Bey.

Aunque en España hablar de Shawn Corey Carter es no decir nada, hablar de Jay-Z es decir poco más. Aquí es más conocido por ser “el marido de Beyoncé”, pero Jay-Z es realmente el que mueve el cotarro. El chico malo de Brooklyn es una eminencia en el mundo de la música y de los negocios. Su patrimonio supera los 500 millones de dólares y ha vendido millones de copias de sus álbumes en todo el mundo. Pero no solo de la música vive el bueno de Jay. Además de contar con una participación importante en el equipo de los Brooklyn Nets de la NBA, es fundador del sello Roc-A-Fella Records, de la cadena de locales 40/40 Clubs, de la marca de ropa Rocawear e inversor en muchos otros ámbitos que van desde producir videojuegos hasta el desarrollo inmobiliario.  Por otro lado, cabe destacar que él fue el impulsor de grandes artistas como Rihanna. Sin ir más lejos, “Umbrella”, el primer gran éxito de la de Barbados, fue compuesta parcialmente por el propio Jay-Z, que hace una colaboración en la misma.

Su buen ojo para los negocios solo es igualado por sus letras y por el espectáculo que da en sus directos. Además, es conocido por sus colaboraciones con otros artistas como Lenny Kravitz, Linkin Park o Alicia Keys. Antes de enemistarse con Kanye West, Jay-Z y él publicaron Watch the Throne, uno de los mejores álbumes de la historia del hip-hop. Temas como “Otis” o “Ni**as in Paris” son una parte inseparable del rap estadounidense.

La carrera de Jay-Z empezó igual que la del resto de raperos de Nueva York. Criado en los suburbios, con un padre ausente y obligado a trapichear para ganarse la vida, el pequeño Shawn encontró en el micro su vía de escape para salir del gueto. Por suerte a Jazzy, como se le conocía en el barrio (más tarde su apodo se transformaría al actual Jay-Z), no se le daba mal lo de componer y pronto empezó a despuntar cuando creó su propio sello para darse a conocer ya que nadie le ofrecía un contrato discográfico. Con  Rasonable Doubt hizo su debut en 1995 donde, sin vender mucho, se labró la fama.  Con el paso de los años, y a pesar de la rivalidad entre los estilos de East Coast y la West Coast, Jay supo moverse en el alambre entre el rap comercial, el R&B y el pop, siendo aclamado por todos, incluso por sus críticos, con temas tan icónicos como su “99 problems”.

La carrera de Jay-Z empezó igual que la del resto de raperos de Nueva York. Criado en los suburbios, con un padre ausente y obligado a trapichear para ganarse la vida, el pequeño Shawn encontró en el micro su vía de escape para salir del gueto. Por suerte a Jazzy, como se le conocía en el barrio (más tarde su apodo se transformaría al actual Jay-Z), no se le daba mal lo de componer y pronto empezó a despuntar cuando creó su propio sello para darse a conocer ya que nadie le ofrecía un contrato discográfico. Con  Rasonable Doubt hizo su debut en 1995 donde, sin vender mucho, se labró la fama.  Con el paso de los años, y a pesar de la rivalidad entre los estilos de East Coast y la West Coast, Jay supo moverse en el alambre entre el rap comercial, el R&B y el pop, siendo aclamado por todos, incluso por sus críticos, con temas tan icónicos como su “99 problems”.

Pero el monstruo de dos cabezas que surgió de la unión entre Beyoncé y Jay-Z es el que impone la ley en el mundo de la música. A pesar de sus altibajos (se llegó a hablar incluso de separación con el lanzamiento del álbum Lemonade en donde Beyoncé revelaba una supuesta infidelidad de su marido), la pareja siempre que ha salido al escenario ha dejado a propios y extraños con la boca abierta. Siempre que se juntan para componer, surge la chispa. Hay muchos ejemplos de la química que existe entre los dos: “Bonnie and Clyde”, “Lift off” o “Drunk in love” son algunos ejemplos que demuestran que juntos son inigualables. Pero el mejor ejemplo de su complicidad sea el tema “Crazy in Love”, el primer bombazo en el que colaboraron juntos y que pudo ser el primer chispazo que más tarde terminaría en boda.

Ahora, después de que el matrimonio anunciase el segundo embarazo de Beyoncé (ya son padres de una niña de cuatro años, Blue Ivy Carter, y en este caso serán padres de gemelos), tanto King Jay como Queen B tienen por delante el difícil reto de mantenerse en la cima sin descuidar sus obligaciones como padres. Ojala sus vástagos tenga el talento de sus padres y en el futuro nos regalen piezas musicales tan buenas como las de sus progenitores. Algo realmente difícil teniendo en cuenta que papa y mama han dejado el listón muy alto.  El trono les espera, pero dejemos que por el momento sean Beyoncé y Jay-Z los que reinen sobre el mundo de la música con puño de hierro y guante de seda.

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