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Reinventando a las diosas griegas

Tras Seúl y Cuba Chanel vuelve a París para presentar su colección crucero 2017/2018. Bajo el nombre La modernité de l’antiqué  la casa francesa propone prendas clásicas y atemporales con un aire boho y desenfadado.

Lagerfeld lo ha vuelto a hacer, ha transformado el Grand Palais en una especie de Partenon con una puesta en escena a la que ya tiene acostumbrados a propios y extraños y que en esta ocasión rendía homenaje a toda una civilización. “Estoy sugiriendo recordar el pasado para encarar el futuro”, toda una llamada de atención a la posible desmemoria que acusa la sociedad y que bien podría aplicarse más allá de la moda.

Etienne Russo responsable del set, ha sabido darle al escenario ese aire de cierta decadencia nostálgica a través de columnas, ruinas y cariátides.

En esa atmosfera deconstruida desfilan una a una las elegidas del diseñador: Anna Ewers, Suki Waterhouse, Arizona Muse y Lindsey Wixson entre otras visten las creaciones de la mujer que Chanel imagina para este verano.

El mítico traje de dos piezas, seña de identidad de la maison, se tiñe de tonos tierra y ofrece su visión más relajada con tops y transparencias. Faldas largas y vaporosas se mezclan con vestidos de estampados étnicos, los tonos dorados dan un aspecto regio que contrasta con la sencillez del blanco roto, uno de los colores estrella de la colección.

Las sandalias romanas atadas hasta la rodilla en colores intensos rompen la monotonía de los looks, aportando dinamismo y vanguardia, fiel reflejo de la unión entre tradición y modernidad. Contraste también en los tejidos; desde la gasa a la seda pasando por el tweed en chaquetas, bolsos y vestidos.

       

 

 

 

 

 

 

 

 

Los accesorios en oro y pedrería ponen el broche de distinción y elegancia en brazaletes, cinturones y pendientes. Maxi collares barrocos y ostentosos conviven con diademas trenzadas y sencillas cintas de raso negro que se mecen al ritmo de las modelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el maquillaje el protagonista es el eyeliner. Ojos enmarcados por un trazo negro intenso de inspiración egipcia son la única licencia que se permite la casa.

 

Las melenas también se sumergen en la esencia helénica de la mano de semirecogidos de trenzas y cintas que dan un aspecto fresco y bohemio.

Una colección de contrastes, sencilla y sin más pretensiones que la de rebuscar en el pasado para reinterpretar el presente: “Veo a Grecia como el origen de la cultura y la belleza, donde había una libertad de movilidad maravillosa que desde entonces ha desaparecido”. Lagerfeld una vez más, hila fino.

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