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Un Atlético para enmarcar

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Isaac Izquierdo López responde a la eterna pregunta del hincha colchonero: ¿Por qué ser del Atleti?

Dice Sabina que para saber lo que es el Atlético de Madrid hay que llorar dentro del Vicente Calderón. Para otros, el sentimiento rojiblanco se encuentra en algo tan simple como una fotografía, en concreto la de Fernando Tabales, instantánea de la que Isaac Izquierdo López se enamoró. Ahora, a sus 85 años, el antiguo autobusero del Real Valladolid relata sentado en el sillón de su casa la historia de cómo se hizo seguidor del Atleti.

La fotografía de Fernando Tabales, guardameta del Atlético Aviación, fue la primera figura de un futbolista que Isaac logró ver. Corría el año 1941 y por aquel entonces eran los ojos de un niño los que contemplaban al jugador que próximamente se convertiría en su ídolo. Él aún no sabía que las franjas de colores del arquero sevillano eran rojiblancas. La imagen estaba en blanco y negro, pero su corazón ya había elegido. Isaac se había hecho del Atleti.

Meses más tarde, en su décimo cumpleaños, Isaac fue con su padre a los viejos campos de “Sport El Sardinero”. Casualidad o no, en aquel partido, el equipo local, Racing-Club se enfrentaba al Athletic-Aviación, conjunto que años más tarde se convertiría en el actual Atlético de Madrid. Aquel fue el regalo que su padre le había preparado, vista la creciente afición de su hijo por este deporte.

Isaac, entusiasmado, aguardaba el pitido del silbato a que diera comienzo el partido. Cuando llegó, la euforia acabó por dominarle. Estaba en un estado de gracia. Flotaba en una nube que parecía jamás iba a romperse. No obstante, un nombre consiguió traerle de vuelta.“¡Uuuuuuy! Que parada de Tabales”, exclamó un aficionado antes de que Isaac pudiera recordar a qué le sonaban aquellas palabras. Poco tardó en darse cuenta. Ese apellido correspondía al del portero que había visto en la fotografía. Su primer recuerdo de un jugador de fútbol. Aquel hombre engominado, inserto dentro de un marco de madera, volaba esta vez delante suyo con los guantes en alto.

Isaac lo define como una experiencia inolvidable: “Me quedé fascinado, tenía que ser como Tabales” afirma el ponente mientras se aplasta la cabeza para imitar el peinado del personaje. Sin embargo, antes de que volviera a vivir una experiencia así, tuvieron que pasar muchos años.

Isaac creció, se casó y viajó a Valladolid para ganarse la vida. En 1953 encontró trabajo de autobusero en una empresa que gestionaba los servicios de transporte del Real Valladolid. Luego, consiguió hacerse conductor del primer equipo. Cada vez que el Pucela jugaba contra los rojiblancos, el chofer intentaba escaparse al vestuario rival para poder cruzarse con algún jugador.En su cartera aún guarda el carné con las siglas del Real Valladolid Club de Fútbol. Ese que le acredita como conductor de los vallisoletanos y el cual cuida con sumo cariño. Aun así, no puede evitar sentirse aficionado colchonero.

“El día que me presentaron a la plantilla di mi nombre y justo después les dije a todos que era del Atleti”, explica. Se considera un afortunado por trabajar en lo que le gustaba y siente mucho respeto por el equipo de su ciudad, pero jamás pensó en cambiarse de bando.

Ahora sigue al Atlético a través de su vieja radio. “Ya no oigo mucho y veo menos, pero siento igual”, dice. Por su mente recorren nombres de jugadores como Fernando, Aparicio, Mesa, Urquiri; imágenes de estadios tan míticos como San Mamés , El Metropolitano , Balaídos; y los gritos de entrenadores como Herrera, Colón , Escudero, Merkel o Aragonés.

El propio Isaac se interrumpe al contar sus recuerdos y radia anécdotas y resultados que recuerda con sorprendente claridad: “El FK Vojvodina nos ganó 2-1 en el año 1966, ¡Cómo corrían los Yugoslavos!”, El anciano aprieta los dientes al rememorar algunas derrotas y levanta los brazos al cantar un gol como si fuese un aficionado más del Vicente Calderón.

Su sonrisa brilla radiante en su cara cuando cuenta este relato. María, su mujer, conocedora del mismo, siempre acaba chistándole para que baje la voz en su narración. Él sigue tras una mueca de burla, continua hablando en un tono más bajo, aunque solo por un instante, le es imposible controlar la voz.

A la eterna pregunta que cuestiona el porqué de hacerse hincha de un club acostumbrado al sufrimiento, a los continuos altibajos emocionales, Isaac contesta: “¿Qué por qué soy del Atleti? No lo sé, hijo, solo sé que lo recuerdo. No fue cuestión de ver para creer, sino de creer para ver”.

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Estudiante de periodismo en la Uva. Reinventarse o morir "La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez". » Cyril Connolly

Último comentario
  • Muy emotivo, gran homenaje a los que no se desilusionan nunca. Gracias.