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El país de las últimas cosas

Literatura Universal, fuera del segundo curso de Bachillerato

¡Dónde vamos a parar! Cuánto más hay que esperar para que se apruebe en España una reforma educativa que deje de limitar el espíritu crítico y ahogue a los futuros pensadores y artistas de este país. La reciente decisión del Gobierno de retirar la asignatura de Literatura Universal en segundo de Bachillerato ataca de nuevo a las Humanidades, las que desde hace años se han convertido en el chivo expiatorio del fracaso educativo español.

Sacad a Platón de las aulas, silenciad la primavera de Vivaldi, quemad las novelas de Camus. Esto es el país de las últimas cosas, como diría Paul Auster. Ya no hay lugar para los creadores. Las escuelas se han transformado en auténticas cintas de montaje, donde entran un puñado de tuercas y salen unos cuantos autómatas de sonrisa metálica y extremidades de teflón, pero sin ningún hálito de vida o signo de conciencia propia.

Ni los troyanos al ver arder sus casas recibieron tanto castigo como lo están haciendo las Letras en los institutos. Si no fuera porque en algunas aulas aún se aboga por el cuaderno en vez de por el libro digital, el papel estaría ya extinto en muchos colegios.

“En los números está el futuro”, dicen los tecnócratas. “Las Letras son para los vagos”, aseguran. La labor de menospreciar cualidades como la creatividad o la imaginación comienza cuando al latín se le define como una “lengua muerta”. ¡No lo está! Sigue viva… aunque por poco tiempo, la están asesinando.

Filosofía, música o literatura han sido, desde antiguo, áreas del conocimiento de importancia capital, que servían para moldear la personalidad del alumno. Un manantial de agua divina que ahormaba con cuidado ese pedazo de arcilla virgen que es el estudiante.

Ahora, las escuelas se esfuerzan por crear cuerpos técnicos con habilidades de cálculo o robótica sin fomentar la aparición de perfiles alternativos. Ningún arquitecto instruido en la metodología actual sería capaz de diseñar el Guggenheim de Bilbao, pues a buen seguro hubiese recibido un gran capón de su profesor al ver que las líneas del edificio no seguían la rectitud de las del resto de sus compañeros.

Los planteamientos son erróneos. El que muchas instituciones educativas no ofrezcan en sus centros la opción de realizar un Bachillerato de Artes ya refleja las carencias de este sistema. Colocar el campo de las Humanidades al fondo de la escala intelectual ha propiciado que las últimas medidas legislativas carguen contra las materias de esta naturaleza. Si fuera por la Lomce, ni una sola hora de la asignatura de música sería obligatoria durante toda la secundaria.

Pero claro, a quién no le interesa fomentar una doctrina que produzca en masa individuos idénticos sin capacidad de réplica. ¿Cómo entender el pensamiento ilustrado sin conocer a Descartes? ¿Para qué cuestionar nuestra existencia si jamás se escuchó a Martin Heidegger? Decía García Márquez que la vida no es la que uno vive, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Resulta difícil pensar que los intelectuales del próximo siglo puedan desarrollar sus ideas en un país en el que cada día se cierran dos librerías, donde las obras maestras de la literatura se convirtieron en un simple título de un libro de texto, donde las melodías y armónicos dejaron de sonar en las aulas por miedo a que algún párvulo descabezado renegara de las matemáticas para dedicarse a la música.

Por desgracia, este es el modelo que recordaremos y el que nos tocará contar, al menos hasta que algún alma revolucionaria logre zafarse de sus grilletes y pensar y leer y reír y cantar y soñar. Aunque quizá eso solo pase en los libros.

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Estudiante de periodismo en la Uva. Reinventarse o morir "La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez". » Cyril Connolly

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