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El primer Día del Libro

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En 1930, la tasa de analfabetismo en España se acercaba a la mitad de la población, y afectaba en especial a las mujeres 

Cuando hoy recordamos los grandes éxitos de nuestra Edad de Plata, tendemos a olvidar que solo una élite podía disfrutar de las novelas de autores como Pío Baroja, artículos de Ortega y Gasset o de los poemas de García Lorca.

En España entonces había alrededor de 33.000 estudiantes universitarios, de los cuales solo unos 1500 eran mujeres según los archivos recogidos de la época. Lo que realmente mantenía a la población no eran los intelectuales sino el sector primario que daba de comer a la mayoría de las familias.

La situación en el país a comienzos de está década era tremendamente delicada. La monarquía de Alfonso XIII daba sus últimos coletazos junto a la dictadura de Primo de Rivera que dimitió el 28 de enero de 1930. Su sustituto, el general Berenguer,  inició el periodo conocido como “la dictablanda” que inevitablemente dio paso a la proclamación de la Segunda República Española – concretamente en Eibar el 14 de abril de 1931-.

Obra de Alfonso Sánchez Protela. Fuente: Museo Reina Sofía

Nueve días después del alzamiento de la bandera tricolor, se celebró el Primer día del Libro tal como lo conocemos hoy. Lo cierto es que ya en 1923, el periodista y escritor Vicente Clavel Andrés había expuesto la idea de este proyecto a la Cámara del Libro de Barcelona y el rey Alfonso XIII firmó el real decreto del Día del Libro que contemplaba además la creación de nuevas bibliotecas por toda España.

En cambio, esta iniciativa tenía un formato diferente al de nuestros días y se celebraría cada 7 de octubre. Consistió esencialmente en actos variados y conferencias sobre literatura. Se pretendía de este modo incentivar el hábito de la lectura entre los españoles.

En el año 1927, Barcelona aventajó a Madrid en el número de ventas y lejos de toda previsión hubo un establecimiento que llegó a facturar hasta 5000 pesetas. Fue entonces cuando la ciudad condal se consolidó como la capital de libro. Tres años más tarde se trasladó la fecha al 23 de abril, coincidiendo con Sant Jordi , el patrón de Cataluña y con la muerte del gran Cervantes.

El éxito que iba adquiriendo esta festividad fue enorme y en 1931 se decidió alargar la jornada a varios días consecutivos para obtener mayores beneficios e implantar la tradición de “un libro y una rosa”.

La festividad había calado hondo en nuestro territorio. El pueblo se inclinaba sobre todo por los libros de aventuras, la novela social y la política. Y así, en 1995 el gobierno español presentó a la UNESCO la idea de crear El día Mundial del Libro y se mismo año se aprobó la propuesta dirigida a más de 100 países.

En 2001 se designó por primera vez una Capital Mundial del Libro, rango a título anual que concedieron precisamente a Madrid. Este año el título lo ha ostentado la ciudad de Atenas con más de 250 eventos programados entre instituciones públicas y privadas. Representaciones teatrales, conferencias, danzas y bibliotecas móviles, entre otros, servirán para promover la lectura y la industria editorial hasta 2019.

Fuente: acelebrationofwomen.org
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