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Billy Elliot, el musical que conmueve a todos

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La solidaridad y los deseos de libertad se conjugan en esta fascinante historia

“¡Quieres ser un bailarín, a bailar! ¡Si prefieres excavar, da igual! Si prefieres ser un gran maniquí, ¡bien por ti! Y no es ningún drama el ser peculiar, yo me siento alguien genial. Si yo no voy con tu estilo formal, respeta mi voluntad” Este cántico a la libertad es una pieza fundamental  del musical Billy Elliot que sacude al espectador. En la Inglaterra de los años 80 cualquier varón estaba destinado a ser minero y amante del boxeo, pero llega Billy y rompe con lo establecido. Él ama bailar, de casualidad descubre el ballet y ante él se expande un abanico de posibilidades.

Billy Elliot ha llegado a Madrid para quedarse. Durante dos horas y media la música, la danza, la injusticia, la solidaridad y los deseos de libertad envuelven al público de una manera tan profunda que es inevitable soltar alguna que otra lagrimita. Es una montaña rusa de emociones que se van clavando como espinas en el corazón de los presentes.

En 1984 tras diversas reformas llevadas a cabo por Margaret Thatcher en el sector de la minería, la Unión Nacional de Mineros decidió desafiar al gobierno impulsando una huelga sin precedentes que duraría un año y que afectaría a miles de familias de Easington, entre las que se incluye la de Billy. Jackie, el padre, y Tony, el hermano, son el sustento de los Elliot que ven mermada su economía a causa de la huelga.

A pesar de esta situación, Jackie (Carlos Hipólito) obliga a su hijo menor a acudir a clases de boxeo como acostumbra la sociedad. Pero un día, y sin esperarlo, el ballet se cruza en su camino de la mano de la Señorita Wilkinson (Natalia Millán) quien le sacará todo el jugo a Billy hasta conseguir hacerle brillar. Ella ve el don que tiene para la danza, pero su padre no lo entiende así.

Jackie es un personaje que llegas a odiar por ser un obstáculo para Billy. Desde el primer momento el espectador ve el futuro prometedor de su hijo, el público desea verle en la Royal Ballet School, pero en cuanto esta idea llega a oídos de los Elliot, esta posibilidad se desvanece. Carlos Hipólito hace un extraordinario trabajo en la piel de este personaje con el que se fusiona. De su mano el público transita por un sinfín de emociones hasta llegar a la empatía. Jackie es huraño, duro, sufre la pérdida de su mujer y no sabe gestionar muy bien sus emociones; pero también es cómico, dulce, tierno y cuando por fin se muestra tal cual es, llega la comprensión y el perdón.

“Pasaron ya mil años, yo solo era un chaval, creía en el futuro, soñaba con triunfar. Pero eran tiempos duros, me puse a trabajar, y bajé a este pozo gris…”, con estas palabras Jackie desnuda su alma y comienza a comprender que lo más importante es  “su Billy”. Debe ayudarlo a alcanzar sus sueños, y si para ello debe claudicar ante el gobierno y regresar a la mina para poder pagar los estudios de danza del pequeño, lo hará.

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