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París ya tiembla ante el regreso de Nadal

El manacorí conquista su undécimo Masters de Montecarlo sin ceder un solo set en su preparación para Roland Garros

La temporada de tierra batida ha comenzado y con ella el recital anual de Rafa Nadal. Los habitantes del Principado de Mónaco han vuelto a ser testigos del brillante juego del número uno del mundo, quien ha levantado un nuevo trofeo durante su preparación para su Grand Slam predilecto.

Con el resto de favoritos en el dique seco o en un mal momento de la temporada, el mallorquín disponía de una valiosa oportunidad para volver a la senda de la victoria después de la lesión sufrida a principios de año. Tras formar parte de la heroica victoria del combinado nacional en la eliminatoria de Copa Davis ante Alemania, Nadal aterrizaba en la capital monegasca para refrendar su condición de vigente campeón.

Las sensaciones del primer enfrentamiento fueron inmejorables. El esloveno Bedene apenas fue rival para Rafa. Con un desgaste físico mínimo pasó por encima de su rival en una superficie en la que se desenvuelve a las mil maravillas. Dos sets y tan solo cuatro juegos perdidos bastaron para sellar el compromiso inicial.

Rafa Nadal, durante uno de los encuentros del Masters 1000 de Montecarlo /Julian Finney, Getty Images

Continuando con la tónica de todo el torneo, Nadal superó la segunda ronda de forma rápida. A pesar de que el ruso Kachanov lo intentó de todas las formas posibles, nada puedo hacer frente al español. Karen, pese a su corta edad, ya se encuentra en la parte alta del Ranking ATP y se presentaba como uno de los candidatos a vencer al balear en su terreno, pero, una vez más, la experiencia venció a la juventud.

El tercer rival, Dominic Thiem, había eliminado en la ronda previa a Novak Djokovic en tres sets en un choque intenso de ida y vuelta. Pero poco más de una hora necesitó Rafa para apear al austriaco de los cuartos de final. Thiem, quien también prefiere las pistas de arcilla para desplegar todo su potencial, recibió un rosco en el primer set y no consiguió ganar ninguno de los primeros nueve juegos. Este inicio demoledor del manacorí sentenció muy pronto el choque.

El último escollo que separaba a Rafa de la final requería tumbar al búlgaro Dimitrov y este mantuvo su modus operandi de todo el torneo: no ceder ningún set. Grigor fue el único que le arañó cuatro juegos en un mismo set en toda la semana. Este espejismo se desvaneció en la segunda manga, resulta por la vía rápida en favor del mallorquín.

Cada minuto de entrenamiento cuenta de cara a París

A un inconformista Nadal le supo a poco el encuentro de semifinales y, al poco de terminarlo, se dirigió a las pistas de entrenamiento para ‘pegar unos drives’. Pese a su dominio incontestable durante todo el torneo, no desperdicia un solo minuto de su tiempo libre y aprovechó para pulir cada pequeño detalle de su juego en la jornada previa a la final.

Y esa sesión extra funcionó. Nishikori no aprovechó la mínima ventaja inicial de que dispuso provocada por dos errores no forzados de su rival. Rafa esfumó toda clase de dudas con una nueva lección de tenis que le colocó con un cinco a dos a su favor. Tras imponerse en este set, en el segundo mantuvo la misma dinámica arrolladora gracias a una serie de breaks que el balear no desaprovechó.

Rafa Nadal y Kei Nishikori posan con sus respectivos trofeos / Julian Finney, Getty Images

Casi sin despeinarse, Nadal levantaba su undécimo Masters 1000 de Montecarlo ante un público que no podía hacer más que rendirse ante el estado de forma del rey de la tierra batida. Sin tiempo para el descanso, su próximo reto es el Trofeo Conde de Godó. En Barcelona es aún más favorito, pero una nómina de tenistas similar a la presente en el Principado buscará destronar al español.

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