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Crítica de Vortex, nuevo disco de Toundra

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Mentiría si dijera que no tenía expectativas tan altas como las que uno puede llegar a sentir cuando uno de sus grupos preferidos anuncia nuevo álbum. Su primer single, Cobra, fue un gran tema, con un sonido desgarrador que recordaba a lo mejor de III. Y Kingston Falls supuso todo un soplo de aire fresco. Nadie se lo esperaba, a todo el mundo le encantó. Según ellos mismos dijeron, era uno de las canciones más cortas de su historia y se distanciaba un poco de la tónica del disco, pero le gustó tanto a Santi García –productor del –álbum- que decidieron que sería el segundo single de adelanto.

Con Vortex, Toundra disipan todas las dudas sobre su grandeza. Capaces de generar unos ambientes totalmente envolventes, que te suben a lo más alto para hacerte estrellar contra el suelo cada vez que uno de los temas rompe. Para ejemplos, los de Tuareg, Mojave o Cruce Oeste. El disco, desde la portada –obra de David Pérez-, se puede definir como una búsqueda, de sonidos, de nuevos pasajes y de transmitir nuevas sensaciones a través del rock instrumental. Algo que Toundra saben hacer como pocos, de tal manera que parezca incluso fácil.

Portada de Vortex (Toundra), obra de David pérez

Portada de Vortex (Toundra), obra de David pérez

Con este disco el grupo madrileño se eleva aún más en su legado, para el que dejan un punto y aparte. Tras I, II, III y IV llegaba este Vortex, el primero no titulado con números romanos, aunque empiece en V, y llamado así por una sala alemana donde, según ellos, siempre se les ha tratado especialmente bien. Así, Vortex emprende el viaje con una intro que avisa del eclipse que nos refleja la portada, con unos ambientes oscuros que acompañados de un paseo por el desierto que nos ofrecen sus pasajes más tranquilos. A este le sigue Cobra, el primer adelanto y donde confluyen los Toundra más eclécticos de III con las composiciones que llegaron a alcanzar en IV.

El tercer corte del disco, Tuareg, se funde a la perfección con las guitarras de Esteban y Macón, donde ambos consiguen una mezcla perfecta de fraseos agudos y distorsionados. Todo ello para terminar junto a Cartavio, un medio tiempo que define a la perfección de lo que son capaces de hacer cuando les dejas jugar con unas guitarras unos pedales.

Con Kingston Falls pasamos el ecuador del LP para, una vez más, fundirnos entre la calma, las melodías y una batería en la que Álex lleva la batuta de la canción. Llegados a este punto le toca el turno a Mojave, que es, casi con toda certeza, la mejor intro que han compuesto en su carrera y una de sus mejores canciones. Dejarse perder en ella es de las mejores cosas que tiene Vortex.

Roy Neary, el tema más corto de su historia, es la calma que precede a la tormenta de Cruce Oeste. En esta última canción, el bajo de Alberto suene tan potente como siempre, con pequeños destellos que hacen que el tema cobre un aura especial gracias a los cuatro músicos unidos. El ingrediente añadido para un cóctel que ya se ha comenzado a estrenar por España y Europa, en escenarios como el del Viña Rock, y que pasará por países como Alemania, Francia, Luxemburgo o Dinamarca.

Fuente de la imagen de portada: Facebook de la banda

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